Junior no está para discursos de grandeza. Junior está para dar resultados.
Después del 1-1 ante Santa Fe en el Romelio Martínez, el equipo rojiblanco apenas suma dos puntos y continúa hundido en un comienzo de campeonato que ya genera preocupación, dudas y, sobre todo, molestia entre sus hinchas.
Y en medio de este panorama, Alfredo Arias recibió una pregunta completamente lógica: ¿cuál es el argumento para sostener su puesto?
La respuesta sorprendió:
“Cuando yo llegué habían 10 títulos en 101 años”.
¿De verdad ese es el argumento?
En este momento, hablar de los títulos conseguidos por Junior antes de su llegada parece, cuando menos, fuera de lugar. El presente no se puede defender con el pasado. Los hinchas no están reclamando por lo que ocurrió hace décadas; están reclamando por lo que está ocurriendo hoy.
Junior tiene dos puntos, un fútbol que no convence y una obligación enorme de reaccionar. No hay margen para esconderse detrás de estadísticas históricas ni de los títulos que otros entrenadores y generaciones consiguieron.
Y hay otro detalle que tampoco pasó desapercibido.
Después de responder, Alfredo Arias se levantó y dejó a Fabián Ángel en la rueda de prensa. El entrenador se fue y el jugador quedó allí, frente a los micrófonos.
La expresión de Fabián Ángel lo dijo prácticamente todo.
No se trata de crucificar al entrenador por una frase. Se trata de entender que, cuando un equipo grande atraviesa una crisis, las respuestas también importan.
Junior necesita autocrítica, soluciones y fútbol.
Necesita que su entrenador explique qué está haciendo para cambiar esta situación, no que mire hacia atrás para justificar su presente.
Porque los doce títulos ya están en la historia.
El problema es que Junior juega hoy. Y hoy tiene apenas dos puntos.
Y en Junior, con semejante nómina, semejante afición y semejante historia, eso no puede ser suficiente.