
Barristas de Junior vandalizan la sede de entrenamiento y carros de jugadores en medio de la crisis deportiva.
La frustración de un sector de la hinchada del Junior de Barranquilla se salió de las tribunas. Según imágenes difundidas, integrantes de la barra marcaron con pintura en aerosol los muros de la entrada del Centro de Entrenamiento del Club Deportivo Popular Junior F.C., la sede Adelita de Char, y rayaron al menos un vehículo que salía de las instalaciones, en protesta por el rendimiento del equipo en el semestre.
Lo que muestran las imágenes.
En el muro de acceso, bajo el nombre del club, aparecen pintadas con mensajes como «Sin vida» y «En Junior se juega a muerte», además de la sigla de uno de los grupos de la barra. En la segunda fotografía se ve un automóvil gris con la leyenda «Parangan huevos» en una de sus puertas, mientras un grupo de personas, varias con casco de moto, rodea el vehículo a la salida de la sede. Las imágenes no permiten confirmar a quién pertenece el carro ni cuántos vehículos fueron intervenidos.
Un reclamo legítimo, un método que no lo es.
El malestar tiene fundamento deportivo: los resultados del plantel en este semestre han quedado por debajo de las expectativas de una afición que exige protagonismo en cada torneo. La crítica a jugadores, cuerpo técnico y directivos es parte natural del fútbol, y la hinchada tiene derecho a manifestarla.
Pero el vandalismo no es protesta. Dañar bienes del club y propiedad privada de los futbolistas, y hacerlo con grupos que intimidan a la salida de un entrenamiento, cruza la línea hacia la violencia. La frase «se juega a muerte» resulta especialmente preocupante: en un país donde la violencia ligada al fútbol ha dejado víctimas, normalizar ese lenguaje alimenta un clima de presión que puede escalar.
Una crisis que no se resuelve con aerosol.
Los malos resultados se corrigen con gestión deportiva, decisiones oportunas y rendición de cuentas de quienes dirigen el club, no con amenazas a quienes visten la camiseta. Si el plantel merece críticas por su rendimiento, la directiva también debe responder por la planificación del semestre. La presión de la barra, lejos de mejorar el rendimiento, suele minar la confianza de los jugadores y empeorar el panorama.
Hasta el momento de esta publicación, el club no se había pronunciado oficialmente sobre lo ocurrido.



