Te dejamos la columna de opinión sobre lo recogido por hinchas en dos partidos.
En el fútbol, a veces las ausencias pesan más que los goles. Y en Junior de Barranquilla, la salida de Didier Moreno dejó un vacío que hoy, con el paso de los partidos, empieza a sentirse con fuerza. Porque Didier no era solo un volante de marca: era equilibrio, liderazgo silencioso y sentido de pertenencia.
Didier Moreno se fue sin estridencias, sin escándalos, sin despedidas ruidosas. Como jugaba: en silencio, haciendo el trabajo que no siempre aparece en los resúmenes, pero que sostiene a los equipos campeones. Hoy, cuando el balón se pierde con facilidad en la mitad del campo o cuando el rival encuentra espacios que antes no existían, la pregunta surge de manera inevitable:
¿Quién ocupa el lugar de Didier?
El futbolista que entendió a Junior:
Moreno disputó más de 200 partidos oficiales con Junior, convirtiéndose en uno de los mediocampistas más constantes de la última década del club. Fue bicampeón de Liga, levantó la Copa Colombia y la Superliga, y fue pieza clave en campañas internacionales donde el equipo necesitó orden, carácter y lectura táctica.
Sus números reflejan su importancia:
• Alto promedio de recuperaciones por partido
• Uno de los jugadores con mayor precisión en pases cortos
• Liderazgo en duelos ganados en el mediocampo
• Regularidad física en temporadas exigentes
Pero Didier fue más que estadísticas. Fue el jugador que entendió cuándo acelerar y cuándo pausar, cuándo barrerse y cuándo simplemente cerrar espacios. El que hablaba poco, pero ordenaba mucho.
El líder que no gritaba:
En un camerino lleno de figuras, Didier Moreno fue respeto puro. No necesitaba levantar la voz para mandar. Su liderazgo estaba en el ejemplo: entrenar igual un lunes lluvioso que una final, jugar infiltrado, volver rápido tras una lesión, ponerse la camiseta con la misma responsabilidad de siempre.
Compañeros y técnicos coinciden en algo: Didier hacía mejores a los demás. Le daba libertad al creativo, respaldo al defensor y tranquilidad al arquero. Era el primer filtro y, muchas veces, el último antes del peligro.
El día después:
La salida de Didier se sintió normal al principio. Como suelen sentirse las partidas de los jugadores que no venden camisetas ni hacen goles cada fin de semana. Pero el fútbol es memoria y comparación. Y hoy, partido tras partido, el hincha empieza a notar lo que ya no está.
El Junior campeón tenía a Didier Moreno sosteniendo el equilibrio. El Junior de hoy busca esa misma estabilidad. Y es ahí donde aparece la nostalgia.
Un adiós que duele con el tiempo:
Didier Moreno se fue siendo importante. Y eso es lo que más duele. Porque no se fue acabado, ni resistido, ni relegado. Se fue cuando aún podía dar mucho más. Y el tiempo, implacable, se ha encargado de confirmarlo.
Hoy, cuando el mediocampo se desordena o cuando el equipo necesita calma en medio del caos, la frase se repite en las tribunas, en la radio y en la calle:
Ahora todos extrañan a Didier Moreno.
Porque el fútbol, como la vida, solo entiende el verdadero valor de algunas personas cuando ya no están.