El equipo barranquillero empató 2-2 con Once Caldas en el Romelio Martínez y aseguró su paso a semifinales gracias a una atajada decisiva de Mauro Silveira en el último minuto.
La noche en Barranquilla terminó convertida en una prueba de resistencia para Junior. El equipo rojiblanco sufrió más de la cuenta, caminó varias veces al borde de la eliminación y necesitó de un héroe inesperado bajo los tres palos para sellar su clasificación a las semifinales de la Liga BetPlay. El 2-2 ante Once Caldas dejó al Tiburón vivo en la serie y al estadio Romelio Martínez respirando aliviado después de noventa minutos cargados de angustia.
Junior salió decidido a imponer condiciones, empujado por su gente y por la ventaja conseguida en Manizales. El balón era suyo, el ritmo también, pero el fútbol volvió a demostrar que no siempre manda quien domina. Once Caldas encontró espacio y Luis Felipe Gómez silenció por un instante las tribunas con un remate lejano imposible de detener. El empate en la serie cayó como un balde de agua fría sobre el conjunto barranquillero.
Cuando el nerviosismo empezaba a sentirse en cada rincón del estadio, apareció una conexión que le devolvió el alma al Tiburón. Luis Fernando Muriel filtró una asistencia precisa y Lucas Monzón definió con categoría para desatar el desahogo rojiblanco antes del descanso. Junior recuperaba la ventaja global y volvía a tomar aire en una llave que parecía incendiarse.
En la segunda mitad, el equipo de Barranquilla mostró su mejor versión por algunos minutos. Cristian Barrios aceleró, atacó los espacios y encontró el gol que parecía sentenciar la clasificación. El Romelio celebraba convencido de que el sufrimiento había terminado, pero Once Caldas jamás bajó los brazos y encontró una nueva oportunidad gracias a un infortunio de Monzón, que terminó marcando en propia puerta.
Los minutos finales fueron una auténtica batalla emocional. Junior retrocedió, defendió como pudo y el visitante se lanzó con todo en busca del golpe definitivo. Entonces llegó la jugada que paralizó a Barranquilla: penalti para Once Caldas en el último suspiro tras una infracción sobre Dayro Moreno.
El goleador tomó el balón y el silencio se apoderó del estadio. Frente a él apareció Mauro Silveira, que pasó de ser espectador del drama a protagonista absoluto de la noche. El arquero uruguayo adivinó la intención, atajó el cobro y desató una explosión de alivio en las tribunas. Junior sobrevivió al caos, resistió hasta el final y ahora se cita con Santa Fe en semifinales, después de una clasificación sufrida que quedará marcada por el corazón y la angustia.