El jugador nacido en el Atlántico espera debutar pronto con Junior.
La llegada de Cristian Barrios a Barranquilla para convertirse en nuevo jugador del Junior no tuvo el impacto que suele acompañar a un refuerzo esperado. Lejos de la cercanía con la afición y del diálogo natural con los medios, el futbolista arribó envuelto en un silencio que no pasó desapercibido y que terminó generando más interrogantes que ilusión.
Barrios, procedente del América de Cali, pisó suelo barranquillero sin ofrecer una sola declaración. La razón fue evidente: su representante impidió cualquier contacto con la prensa, cerrando de manera tajante la posibilidad de que el jugador expresara sus sensaciones, expectativas o, al menos, un saludo a la hinchada rojiblanca que aguardaba por conocerlo.
Este mutismo resulta llamativo en un club como Junior, donde la relación con los medios y la conexión con la gente hacen parte de la identidad institucional. El fútbol moderno exige resultados en la cancha, pero también cercanía, transparencia y respeto por la opinión pública.
El silencio impuesto no favorece ni al jugador ni al club, y mucho menos a una afición acostumbrada a recibir a sus refuerzos con entusiasmo y preguntas legítimas.
La escena dejó la sensación de un fichaje que arrancó con el freno de mano puesto. En lugar de mensajes de compromiso y ambición, quedó un vacío comunicacional que alimenta especulaciones innecesarias y enfría el ambiente alrededor de una contratación que debería generar ilusión.
Cristian Barrios tendrá la oportunidad de hablar con fútbol, sin duda, pero el inicio de su etapa en Junior deja una lección clara: el silencio también comunica, y en este caso, comunicó distancia. En Barranquilla, donde el Junior se vive y se siente, callar no siempre es la mejor carta de presentación.