
La frase de Jermein Peña que no alcanza para explicar el desastre de Junior.
El central rojiblanco minimizó el 1-1 ante Pereira en el Romelio Martínez, un empate que deja al equipo barranquillero casi sin opciones de clasificar.
Cuando un equipo grande se juega la vida y la deja escapar en casa, la hinchada espera explicaciones. Jermein Peña ofreció una fórmula de manual: «Son cosas del fútbol, hay que seguir adelante, el fútbol sigue».
Es una frase cómoda, de esas que sirven para cualquier ocasión y no comprometen a nadie. Pero lo ocurrido en el Romelio no fue una cosa del fútbol: fue un partido que Junior tenía la obligación de ganar, con su gente y su cancha, y que terminó convertido en un golpe casi definitivo a sus aspiraciones.
Hay un problema con la resignación como discurso. Decir que «el fútbol sigue» es cierto en lo abstracto, pero para Junior el calendario ya no perdona: cada punto perdido en casa pesa el doble, y este empate pesa muchísimo más. Los errores no se diluyen invocando la naturaleza impredecible del juego.
Y hay algo más: Peña es defensor central, una de las posiciones donde se mide la solidez de un equipo. Que desde ese sector llegue un mensaje de aceptación, y no de molestia o autocrítica, no ayuda a calmar a una hinchada que ve cómo se escurre la temporada.
Nadie pide dramatismo ni declaraciones incendiarias. Pero sí algo de reconocimiento: que el equipo falló, que la clasificación se complicó por errores propios y que hay una deuda con la gente. Junior no necesita frases hechas; necesita futbolistas que se duelan por lo que pasó.
Porque el fútbol, efectivamente, sigue. La pregunta es si Junior seguirá en carrera para verlo.


