El equipo tiburón dominó gran parte del partido ante Santa Fe, pero la falta de definición llevó la serie hasta una infartante tanda de penales en Barranquilla.
Junior luchó hasta el último suspiro en el Romelio Martínez, pero la clasificación tuvo que resolverse desde el punto penal en una noche cargada de tensión, nervios y pocas concesiones. El equipo barranquillero recibió a Santa Fe con la obligación de imponer condiciones para alcanzar la final de la Liga BetPlay frente a Atlético Nacional, aunque el camino estuvo lejos de ser sencillo.
Desde el comienzo, el conjunto tiburón mostró una postura más agresiva. Mientras Santa Fe apostaba por el orden y el desgaste físico, Junior intentó asumir el protagonismo con posesión y presión alta. Sin embargo, el partido rápidamente se volvió cortado por las constantes faltas y el ritmo perdió fluidez. La temprana lesión de Mafla y las tarjetas en los primeros minutos confirmaban que el duelo sería más de resistencia que de espectáculo.
Con el paso de los minutos, Junior empezó a inclinar la cancha. Las llegadas aparecieron principalmente por las bandas y los remates desde media distancia, obligando a Marmolejo a convertirse en figura para evitar la caída del arco cardenal. El cuadro barranquillero encontraba espacios, pero no precisión en la definición.
Santa Fe respondió en una acción aislada sobre el minuto 18, cuando Silveira apareció con dos atajadas decisivas para sostener el cero y mantener con vida al local. Esa intervención terminó siendo clave para que Junior no perdiera el control emocional de un encuentro que se jugaba con más tensión que claridad.
El equipo dirigido por Alfredo Arias insistió durante toda la primera mitad. La intensidad del tiburón obligó incluso al técnico uruguayo a mover constantemente su banco y preparar variantes ante el férreo bloque defensivo bogotano. Cerca del descanso, Junior tuvo la oportunidad más clara del primer tiempo, pero Daniel Torres salvó casi sobre la línea lo que ya parecía gol.
Las estadísticas mostraban el dominio barranquillero: doce remates y mayor posesión de balón, aunque la falta de contundencia seguía dejando abierta la serie. Santa Fe, cómodo resistiendo, apostaba por aguantar y esperar un error rival.
En la segunda parte, Junior mantuvo la intención ofensiva, pero comenzó a sentir el desgaste físico y la ansiedad. Santa Fe ganó confianza por momentos y encontró en Hugo Rodallega una amenaza constante. El delantero estuvo muy cerca de silenciar el estadio con un cabezazo que terminó estrellándose en el palo al minuto 77.
El cierre fue una mezcla de desesperación y empuje del conjunto tiburón. Junior atacó con más corazón que ideas, mientras Santa Fe se refugiaba cada vez más cerca de su arquero. Las faltas, interrupciones y reclamos dominaron los minutos finales hasta que el árbitro decretó el final del tiempo reglamentario.
La clasificación se definió desde los penales, un escenario cargado de presión para ambos equipos. Junior respondió golpe por golpe en una tanda intensa, donde la experiencia y la personalidad de sus cobradores fueron fundamentales para sostener viva la ilusión rojiblanca en una noche sufrida, pero inolvidable para la afición barranquillera.