El equipo barranquillero le bastará un empate para llegar a la final del FPC.
En una noche vibrante en el estadio Metropolitano de Barranquilla, bajo la mirada expectante de miles de hinchas que alentaban con fervor al equipo local, el Junior de Barranquilla demostró una vez más por qué sigue siendo una de las piezas clave del torneo, derrotando 2–1 al América de Cali en un encuentro correspondiente a la quinta fecha de los cuadrangulares del Grupo A de la Liga Colombiana.
Desde el pitazo inicial, el Tiburón salió con la intensidad y la urgencia de quien sabe que la victoria en casa no admite medias tintas. América, por su parte, intentaba mantenerse firme, pero se vio sometido a la presión, al empuje de una afición que reclamaba el triunfo con cada custión.
Fue al minuto 65 cuando el estadio se paralizó. Con la pelota en los pies, Josen Escobar, con temple y visión, recibió fuera del área, acomodó el balón y soltó un zurdazo potente y preciso. La curva perfecta del tiro elevó al portero contrario, y el balón se incrustó en todo el ángulo: golazo, grito liberador, la explosión de color rojo y amarillo en las tribunas. Silveira, el arquero de América, fue apenas un espectador impotente ante tal disparo.
Apenas unos minutos después, Junior no tardó en reaccionar. Un tiro libre a favor, ejecutado con dureza y convicción por Zidane Peña, se convirtió en gol: un remate que superó la barrera, viajó con velocidad y engañó a Jorge Soto. El arco del cuadro escarlata tembló, y con él, la ilusión de los visitantes volvió a abrirse paso. El marcador se igualaba, y la definición del partido se abría con dramatismo creciente.
El reloj corría, el ambiente se cargaba de tensión. Las tribunas vibraban, los corazones latían al ritmo del balón pegado al pasto. Y entonces, a tan solo tres minutos del pitazo final, surgió la figura de Didier Moreno. Tras un centro perfecto de Teófilo Gutiérrez —el “Teo” siempre dispuesto a provocar caos en las defensas rivales— Moreno apareció en el área con serenidad y astucia: controló, hizo el movimiento justo, y empujó la pelota al fondo de la red. El grito se rompió, los goles se celebraron, las gargantas se unieron en un solo clamor: victoria del Tiburón en casa.
Ese tanto no solo sentenció el partido, sino que reafirmó el dominio del Junior en el grupo. Con esos tres puntos, el equipo se mantuvo como líder del Grupo A, alcanzando 11 unidades y consolidando un paso firme hacia la final del torneo. Por detrás quedó Atlético Nacional con 8, tras un triunfo sobre Independiente Medellín —este último aún arrastrando una campaña difícil con apenas 2 puntos y sin poder exhibir su ventaja deportiva—. Mientras tanto, América de Cali quedó tercero, con 5 puntos, con la mirada puesta en recomponerse, aunque consciente de que el camino, tras esta derrota, se empina nuevamente.
Y así, entre goles, sudor y esperanza, el Junior de Barranquilla escribió una página más en su historia: una noche de fútbol competitivo, de corazón entregado, de una hinchada que volvió a celebrar, y de un equipo que reafirma que, en su casa, la palabra “triunfo” tiene otra dimensión.